Perecer.

Miradas que matan. Palabras que reviven y... te matan de nuevo.

Perecer.
Perecer.

Todos los escritores tienen una palabra favorita, o consentida al menos. Y quizás las palabras también tengan favoritismos cuando se trata de escoger a sus autores de preferencia. Me gusta sentir que la palabra perecer y yo tenemos un vínculo especial.

Cuando escribo letras de canciones, ella no acepta pasar desapercibida. Siempre tiene que levantar la mano y arrojarse como voluntaria para que le otorgue su momento. No importa si ya lo hizo en la canción anterior, le encanta ser partícipe entre las rimas.

Y muy en el fondo, me encanta que sea así de extrovertida conmigo. De pronto hasta se siente coqueta. Si en un momento dado no la escojo, no sé si me celaría … ya sabes, la rima no siempre cede.

“Pero siempre nos queda la prosa, ¿cuál es tu excusa?”

Tal vez sí me cele.

No sé si yo la celaría de vuelta si la leo muy presente en textos ajenos, pero—

Pensándolo twice, tal vez sí me da un algo.

Y cuando digo un poco es porque son celos que perecen cada que volvemos a cruzar miradas. Se extinguen cada que volvemos a intercambiar palabra.

— yours truly, V.

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P.D. No, no es mi palabra favorita del español, pero si te lo confieso en el apartado ‘post data’, es para que ella no alcance a escuchar este susurro. Porfi, no me delates. La gente chismosa es gente non-grata…

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ᐯ

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