Querida NASA,

Y querida tripulación del Artemis II: Reid, Victor, Christina & Jeremy,...

Querida NASA,
Querida NASA,

Esta es una carta que jamás leerá ninguna de las mentes que se han matado por años sacando todos los cálculos matemáticos habidos y por haber para lograr reunirnos por 10 días en un evento de esa dimensión.

También es una carta para nuestros 4 Fantásticos de la vida real. Hace poco más de una semana que regresaron a casa con bien y los que nos quedamos en tierra era lo que principalmente pedíamos, rezábamos, anhelabamos.

Esta es una carta también para aquellas personitas que como su servidora, fuimos testigos del hecho, fuera por livestreams, CNN, hilos de redes, un par de memes, momentos virales, e.t.c. Porque sin importar si tenías mucha fe en la misión o incluso si en algún punto te mantuviste al borde del escepticismo…

Al ver las imágenes transmitidas en vivo el día del despegue, más allá de cual fuera tu postura, en verdad creo que por un breve momento todos nos sintonizamos para sentir que íbamos en esa nave siendo uno. Y sintiendo al todo dentro de uno.

Porque al existir la posibilidad de lograr levantar un cohete del tonelaje de no sé cuántos trasatlánticos, y hacerlo sin que algo saliera mal… por nada se puede negar lo mucho se siente natural cómo alcanzamos el epítome de lo que venimos a hacer aquí:

Existir con la fe a tope y a ciegas.

Por un breve instante, es fácil confiar en que a pesar de los hoyos negros que nos deparan en nuestros caminos del día a día… no hay cosa que sea imposible. Pese a las trabas, pese a todas las friegas.

Entonces y sólo entonces, ¿qué pretextos ponemos para todo lo demás? ¿Se acaban pero qué onda con las mil y un excusas previas?

Le succionaron vida a tu confianza, ahora ¿cómo volvemos a ponerla en marcha? Hay que dejarla para que ella solita se quede andando…

Lo que sea que estés pensando en conquistar y que aquello que llevas años o quizás décadas procrastinando…

Piensa sobre alguna de esas mentes y piensa si procrastinó los cálculos que se le pidieron entregar en uno de tales días. Piensa en si tiró los papeles a la basura cuando los números no cedían.

Probablemente si los hizo bolita, usó el bote para encestar… y justo volvió a empezar.

Página pulcra. Página en ceros. Toda la ecuación, va de nuevo…

Porque si uno se niega a hacer su chamba, entonces el llamado que nos hace ella, se perdería en un mero eco…

Ella en cuestión.

Gracias por los róvers que ahí siguen aunque no vemos. Gracias por el Proyecto Mercury y los pasos de acero, los famosos éxitos.

Gracias también por los pruebas fallidas, por seguir honrando los nombres y los vidas de aquellos héroes tripulantes que no regresaron a casa. Hasta el cielo se ganaron cada medalla.

Por hacer que el arte y la ciencia se vean cara a cara y no discutan. Al contrario, se aman en secreto y ustedes lo divulgan.

Gracias por Challenger, por Columbia y todas esas expediciones que no se siempre se anuncian.

Gracias por Apolo y sus muchas facetas. Y el doble de gracias por misión hermana, nuestra inolvidable Artemisa. Por apuntar más alto y hacer el tiro sin saber si llegarían las flechas.

Por demostrarnos que cuando queremos los humanos si podemos hacer cosas de otro planeta. Por hacernos sentir que la huella humana si puede sentirse desde afuera como si fuera de otro planeta. 

Queridos, Reid, Victor y Jeremy gracias por representar lo mejor del hombre en lares muy ajenos y lejanos. Por su valentía y por la sensibilidad que nunca sacrificaron en pro de la otra. Porque el hombre no tiene que elegir sólo una sino usar ambas a flor de piel en lugar de a piel rota.

Querida Christina, no hay palabras para describir lo mucho que cada mujer se vio en tus pasos. Como hija de Mamá Gea, la viste de frente con los ojos de todas. Además, la luna es de nosotras y sólo nuestra, entre sus ecos, muchas la pedimos de regalo pero tú fuiste a ella porque querías verla desenvuelta, al alcance de tus dedos, rozar más allá de lo que siempre nos muestra.

Los 4 son únicos y era destinado que la humanidad fuera con ustedes en sus hombros y nos llevaran fuera de la atmósfera. Gracias por hacernos volar y compartirnos el sentir de que podemos planear pasando la estratosfera.

Gracias por dejar la vara muy alta y también por demostrarnos que el amor puede ser un cráter escrito en la piel de nuestra bella testigo nocturna.

Cada noche va a volver a traernos esta memoria, aún si su presencia en nuestros cielos es efímera y taciturna.

Como dije arriba: “si uno se hubiera negado a hacer su trabajo, entonces el llamado que nos tanto nos ha hecho ella, se hubiera quedado sin contestar…”

Querida NASA, mil gracias infinitos por invitarnos a soñar.

— yours truly, V.


P.D. ¿Has pensado en escribirles una carta? Te dejo una liga especial para ello:

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